jueves, 15 de mayo de 2014

Ana

"Shine Eyeliner", "Moon Drops", "Sheer Genius"... el ejercito de potes, tubos y frasquitos alineados sobre el tocador, los lápices y los pinceles, mis queridos amigos de siempre, mis confidentes, mis aliados. Ellos están siempre en su lugar, siempre dispuestos a ayudarme cuando con la excusa de una palidez excesiva voy a enfrentarme con la otra, con la del espejo, con la que tiene mi misma cara, con la que seguro también está tristísima mientras escucha a Barbra cantando Le mal de vivre, mientras siente la soledad.
La desolación siempre empuja hacia el espejo. Del otro lado siempre aparece esa cara que es la cara de una; esa cara que veo, como veo también la que está detrás de los ojos, los labios y la piel. La que dialoga. ¿Vos sos yo? ¿O yo soy vos? ¿somos idénticas? ¿somos la misma? Te llamás anA con mayúscula al final? ¿Ana palíndroma? ¿Ana que se lee igual de izquierda a derecha que en sentido inverso? ¿Ana como Neuquén? ¿como "solos", como "yo soy"?
Empiezo a trazar una línea fina negra y prolija sobre mi párpado derecho. Los antiguos lo hacían para ahuyentar los malos espíritus. Yo lo hago para estar más bonita.. Sin duda anA también. Ella imita exactamente todos mis movimientos, todos mis gestos; anA palíndroma lipemaníaca, como dice Sebastián; yo hubiera querido no recordar su nombre, si estoy todo el tiempo pensando en  el, todo el tiempo. Todo el tiempo sintiendo como algo físico y tangible ese horror de él ante la idea de que alguien pueda tener el mínimo derecho sobre su yo más escondido y secreto; todo el tiempo y todas las veces decidiendo que será la última vez esgrimiendo la palabra BASTA como una espada vengadora que se envaina al final sin haber derramado ni una gota de sangre.
Anoche volvió a suceder. ¿También a vos anA?. Volvió a suceder: Sebastián atrincherado, escondido, disimulado en los juegos que se renuevan y florecen y se marchitan enseguida porque no tienen raiz, porque no tienen savia, porque son gratuitos, inútiles, vanos. Y yo debatiéndome en ese campo de sensaciones y emociones que para él es pura exterioridad, puro humo. Yo endiosándolo porque él es "lo otro", lo desconocido, lo inasible, lo inexplicable.
Y buscándolo como se busca... no sé, a una patria, si, eso. Es un sentimiento que calza muy bien dentro de la palabra sagrado por más que se la rehúya por más que parezca excesiva, grandilocuente y melodramática.
Y despúés ese sentirse una visita inoportuna. Más aún cuando se cobra conciencia de la desnudez del cuerpo, mientras uno de los dos conserva el alma totalmente oculta en un sayo de silencio. Y la impotencia. Y la tristeza. Y el amanecer y después la mañana con un libro, con discos, con whisky. Esta mañana. Este ahora frente al espejo, este ahora de confidencia entre vos y yo, anA palíndroma lipemaníaca. Este terminar de maquillarse. Este mutuo sonreir, este juntar nuestros labios en el cristal azogado donde sólo queda una mancha de rouge mientras nosotras nos damos vuelta, y nos reintegramos cada una en nuestro mundo repetido, fastidioso, triste y sin remedio.


PARA COMERTE MEJOR, Eduardo Gudiño Kieffer.