miércoles, 25 de junio de 2014

...No era hombre que cediera fácilmente a impulsos sentimentales, y si acaso se le cruzó por la mente la idea de seducirla, la descartó de inmediato por engorrosa. En cambio mi Nini, que no tenía nada que perder, decidió salirle al paso al astrónomo antes de que terminaran sus conferencias. Le gustaba su notable color caoba - quería verlo entero- y presentía que ambos tenían mucho en común: él la astronomía y ella la astrología, que a su parecer era casi lo mismo. Pensó que ambos habían venido de lejos para encontrarse en ese punto del globo y de sus destinos, porque así estaba escrito en las estrellas.

El cuderno de Maya. Isabel Allende.
" O sea Popo, somos menos que un suspiro de piojo, era mi conclusión lógica.
¿No te parece fantástico Maya que  estos suspiros de piojo podamos concebir el prodigio del universo? Un astrónomo necesita más imaginación que sentido común, porque la magniifica complejidad del universo no puede medirse ni explicarse, sólo puede intuirse".

El cuaderno de Maya. Isabel Allende
Tal como ella me explicaba, venimos al mundo con ciertos naipes en la mano y hacemos nuestro juego; con naipes similares una persona puede hundirse y otra superarse. "Es la ley de la compensación, Maya. Si tu destino es nacer ciega, no estás obligada a sentarte en el metro a tocar la flauta, puedes desarrollar el olfato y convertirte en catadora de vinos". Típico ejemplo de mi abuela.

El cuaderno de Maya. Isabel Allende
-Qué estúpida fui Manuel!
-Nada de estupidez Maya, esto se llama enamorarse del amor
-¿Cómo?
-A Daniel lo conoces muy poco. Estás enamorada de la euforia que él te produce.
-Esa euforia es lo único que me importa, Manuel. No puedo vivir sin Daniel.
-Por supuesto que puedes vivir sin él. Ese joven fue la llave para abrirte el corazón. La adicción al amor no te arruinará la salud ni la vida, como el crack o el vodka, pero debes aprender a distinguir entre el objeto amoroso, en este caso Daniel, y la excitación de tener el corazón abierto.
-Repite hombre, me estás hablando como los terapeutas de Oregón.
-Sabes que he pasado la mitad de mi vida encerrado a machote Maya. Recién ahora empiezo a abrirme, pero no puedo escoger los sentimientos. Por la misma apertura que entra el amor, se cuela el miedo. Lo que te quiero decir es que si eres capaz de amar mucho, también vas a sufrir mucho.

El cuaderno de Maya, Isabel Allende.