EL RULO
Meno la vieja, qu'en pas descanse, toda la mujere son una loca. Ayer lei n'el diario lo del crimen de la caye San Pedrito; ese pobre pipiolo que la mujer lo n'venenó de a poco y seguro qu' el tipo ni cuenta se daba. Pero resulta qu'ella se lo quería sacar d'ensimaporque andaba putoneando con la propia hija entonse fue del curandero ese que además era marica y el curandero le dijo que ponga la foto del maridon'la pansa de un sapo y lonterró y el coso no crepaba, entonse l'ampesó con l'arsenico y claro, n'ubo nada de aser, no sé cómo l'agarró la polisía y grasia a l'investigasione descubrieron que otra cuanta rica tipa eran clienta del curandero, no, si yo digo que meno la vieja toda la mujere son una loca. Menos la vieja y la Mirta qu'es mi novia.
PARA COMERTE MEJOR. Eduardo Gudiño Kieffer.
jueves, 23 de abril de 2015
SEBASTIÁN
¿Pero qué te pensas? Que es heroico estar tan solo? Querer estar tan solo? No viejo, vamos... Heroísmo es lo de los demás. Heroísmo es lo de Ana, que a toda costa quiere estar con vos, ser con vos; heroismo es lo de Flor de Irupé y Robbie, peleando para ser uno solo siendo los dos tan diferentes. Héroes son los que se casan, los que se atreven a tener hijos, los que vana la oficina, a la fábrica, los que aceptan las despedidas en un carrito de la Costanera. Los que esperan. Héroe es cualquiera que tenga en deseo de ser la humanidad para ser algo.
No, no es heroico estar solo. Es pura cobardía, puro miedo al ridículo, pura miseria, pura impotencia, pura retórica. Y sin embargo, a veces te parece cosa de valientes. Este animarse a vivir así, sin un contacto duradero con nadie, sin entregarse del todo, prestando sólo un poquito se si a cada uno. En qué quedó la entrega de la amistad adolescente? Ahora sólo hay para Robbie un poco de cizaña: conversaciones de borrachos, chistes, ironías y de vez en cuando un verso de T.S. como para recordar tiempos mejores. Para Flor de Irupé una seriedad que es seriedad porque no puede ser otra cosa, puesto que ella despierta la obligación de ponerse serio. De pensarla. Para Ana un cacho de cuerpo o cuerpo entero a veces, cuerpo que no siempre responde. ¡Y qué mal te sentís cuando ni siquiera el cuerpo te lleva el apunte! Para doña Amparito esa repulsión disfrazada de gentileza, las palabras de agradecimiento que ocultan las de asco, la máscara de muchacho bueno que ella reclama y que a vos te sale sola. Falluto.
¿Y para Cecilia? ¡Ah! ... Para Cecilia todo lo que uno no es. Toda la invención, toda la imaginación, toda la mentira. Todo lo que uno quisiera volver a ser: niño, tierra, basura, hoja, pájaro. Cualquier cosa menos humano, cuerpo y alma. Si para Cecilia todo lo que uno desgraciadamente no es...
Así es. Un pedacito de uno para cada uno de los demás. Pero nunca uno entero para nadie, nunca los sesenta y siete kilos de Sebastián completo, con pelos y uñas y lunares. Para nadie. Nunca. Siempre pedacitos. Trocitos. Siempre la repartija. Siempre pasar entre alambrados dejando pedazos de piel y rastros de sangre. ¿Ves? ¿ves? Pura retórica. Ya salió el discurso académico, la invocación a la piel y a la sangre para dar una idea de lo que es la soledad. Retórica, si. Nada de heroísmo. Heroísmo es ser entero, o tratar de ser entero, de una pieza. Y regalarse así a todos por igual con pomposos aderezos de palabras, gestos, rituales y presentaciones. Fulano de tal doctor honoris causa, fulano de tal quiere usted por esposa, Fulano de tal jura por Dios por La Patria y por los Santos Evangelios, etcetera, heroico es obsequiarse por siempre y para siempre, en la riqueza y en la pobreza, en las buenas y en las malas, entregarse a una mujer, a un amigo, a la madre, a la nación, al pueblo, al ideal, a la vocación. Siempre todo enterito, adobado en suntuosa bandeja de plata, iglesia o registro civil o firmas con sangre o tribuna o comité. Eso es heroico, si. Eso es animarse a vivir, enfrentar las cosas. Eso es sentirse uno mismo. Sentirse hombre.
Estar solo, al fin y al cabo, es lo más cómodo. Simplemente cómodo. No es nada heroico, quién dijo. ¿Simeón Estilita? Ufa. Arriba de una columna, muerto de frío pero tranquilito, sin tentaciones, sin problemas. Andá Sebastián. Imitálo. Instaláte en la punta del obelisco. Solito. Te vas a hacer más famoso que Marta Minujín, Pipo Mansera y Libertad Leblanc juntos. Allá arriba. Solo. Cuarenta días sin comer. Feliz. Después van a decir que haces huelga de hambre por los guerrilleros. O por el problema de la Universidad. No te van a dar el gusto de estar solo por estar solo. Te van a atribuir motivaciones. Ideales. No, es mejor que no te hagas notar. Que seas el que sos. Lo que has sido hasta ahora. Un tipo del montón, un porteño más, uno de tantos. Mufado, hastiado, cansado, aburrido. Y bueno. Jodéte.
"Para comerte mejor" de Eduardo Gudiño Kieffer.
¿Pero qué te pensas? Que es heroico estar tan solo? Querer estar tan solo? No viejo, vamos... Heroísmo es lo de los demás. Heroísmo es lo de Ana, que a toda costa quiere estar con vos, ser con vos; heroismo es lo de Flor de Irupé y Robbie, peleando para ser uno solo siendo los dos tan diferentes. Héroes son los que se casan, los que se atreven a tener hijos, los que vana la oficina, a la fábrica, los que aceptan las despedidas en un carrito de la Costanera. Los que esperan. Héroe es cualquiera que tenga en deseo de ser la humanidad para ser algo.
No, no es heroico estar solo. Es pura cobardía, puro miedo al ridículo, pura miseria, pura impotencia, pura retórica. Y sin embargo, a veces te parece cosa de valientes. Este animarse a vivir así, sin un contacto duradero con nadie, sin entregarse del todo, prestando sólo un poquito se si a cada uno. En qué quedó la entrega de la amistad adolescente? Ahora sólo hay para Robbie un poco de cizaña: conversaciones de borrachos, chistes, ironías y de vez en cuando un verso de T.S. como para recordar tiempos mejores. Para Flor de Irupé una seriedad que es seriedad porque no puede ser otra cosa, puesto que ella despierta la obligación de ponerse serio. De pensarla. Para Ana un cacho de cuerpo o cuerpo entero a veces, cuerpo que no siempre responde. ¡Y qué mal te sentís cuando ni siquiera el cuerpo te lleva el apunte! Para doña Amparito esa repulsión disfrazada de gentileza, las palabras de agradecimiento que ocultan las de asco, la máscara de muchacho bueno que ella reclama y que a vos te sale sola. Falluto.
¿Y para Cecilia? ¡Ah! ... Para Cecilia todo lo que uno no es. Toda la invención, toda la imaginación, toda la mentira. Todo lo que uno quisiera volver a ser: niño, tierra, basura, hoja, pájaro. Cualquier cosa menos humano, cuerpo y alma. Si para Cecilia todo lo que uno desgraciadamente no es...
Así es. Un pedacito de uno para cada uno de los demás. Pero nunca uno entero para nadie, nunca los sesenta y siete kilos de Sebastián completo, con pelos y uñas y lunares. Para nadie. Nunca. Siempre pedacitos. Trocitos. Siempre la repartija. Siempre pasar entre alambrados dejando pedazos de piel y rastros de sangre. ¿Ves? ¿ves? Pura retórica. Ya salió el discurso académico, la invocación a la piel y a la sangre para dar una idea de lo que es la soledad. Retórica, si. Nada de heroísmo. Heroísmo es ser entero, o tratar de ser entero, de una pieza. Y regalarse así a todos por igual con pomposos aderezos de palabras, gestos, rituales y presentaciones. Fulano de tal doctor honoris causa, fulano de tal quiere usted por esposa, Fulano de tal jura por Dios por La Patria y por los Santos Evangelios, etcetera, heroico es obsequiarse por siempre y para siempre, en la riqueza y en la pobreza, en las buenas y en las malas, entregarse a una mujer, a un amigo, a la madre, a la nación, al pueblo, al ideal, a la vocación. Siempre todo enterito, adobado en suntuosa bandeja de plata, iglesia o registro civil o firmas con sangre o tribuna o comité. Eso es heroico, si. Eso es animarse a vivir, enfrentar las cosas. Eso es sentirse uno mismo. Sentirse hombre.
Estar solo, al fin y al cabo, es lo más cómodo. Simplemente cómodo. No es nada heroico, quién dijo. ¿Simeón Estilita? Ufa. Arriba de una columna, muerto de frío pero tranquilito, sin tentaciones, sin problemas. Andá Sebastián. Imitálo. Instaláte en la punta del obelisco. Solito. Te vas a hacer más famoso que Marta Minujín, Pipo Mansera y Libertad Leblanc juntos. Allá arriba. Solo. Cuarenta días sin comer. Feliz. Después van a decir que haces huelga de hambre por los guerrilleros. O por el problema de la Universidad. No te van a dar el gusto de estar solo por estar solo. Te van a atribuir motivaciones. Ideales. No, es mejor que no te hagas notar. Que seas el que sos. Lo que has sido hasta ahora. Un tipo del montón, un porteño más, uno de tantos. Mufado, hastiado, cansado, aburrido. Y bueno. Jodéte.
"Para comerte mejor" de Eduardo Gudiño Kieffer.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)